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jueves, 17 de septiembre de 2015

EL BOLÍGRAFO ELECTRÓNICO QUE DETECTA MENTIRAS

Investigadores israelíes diseñaron en el 2010 un nuevo sistema de Evaluación Caligráfica Computorizada (COMPET), capaz de analizar si alguien está declarando la verdad. Según una investigación realizada por la Facultad de Asuntos Sociales y Salud de la universidad de Haifa, cuando una persona miente su caligrafía experimenta un cambio significativo, imperceptible para el ojo el humano pero fácilmente analizable por un ordenador.



*Imagen obtenida del artículo de Luria, G., & Rosenblum, S. (2010).

El consistió en analizar los textos de 34 individuos a los que se les pidió describir dos hechos relacionados con su vida: uno completamente verdadero y el otro inventado.  Los voluntarios que participaron en la investigación realizaron sendas redacciones con un bolígrafo electrónico, sobre una hoja de papel colocada encima de una tabla también electrónica. Los datos recogidos por ambos instrumentos fueron analizados por un programa de ordenador que medía variables como la presión ejercida sobre la hoja, el ritmo y velocidad de la escritura,  el número de veces que el bolígrafo perdía contacto con la hoja, el tamaño de la letra y el grosor del trazado.

Se encontraron diferencias en la presión media, medidas espaciales (longitud media de la carrera y la media de altura de elevación), pero no se encontraron diferencias en las medidas temporales y en el número de velocidades máximas.

Según los investigadores Gil Luria y Sara Rosenblum (2010)  la presión que ejerce una persona al escribir sobre una hoja cuando está mintiendo, sería considerablemente mayor que cuando dice la verdad y lo mismo ocurriría con los intervalos en la escritura del texto. También afirman que el tamaño de la letra y el grosor del trazado serían más grandes cuando la persona miente.

El estudio se basa en la carga cognitiva que se produce durante el engaño. Los enfoques cognitivos que explican la detección de mentiras asumen que codificar un mensaje engañoso requiere un esfuerzo cognitivo mayor que decir la verdad, debido a las demandas de capacidad de procesamiento más altas (Miller y Stiff, 1993; Sporer y Schwandt, 2006; Sporer y Zander, 2001; Vrij, 2008; Zuckerman et al., 1981), particularmente cuando la mentira implica un informe acerca de un evento complejo (Sporer y Zander, 2.001). Los modelos teóricos que se concentran en los aspectos cognitivos de engaño justifican una complejidad cognitiva superior que participan en la mentira a través de una variedad de conceptos, como superior "carga cognitiva” (Vrij, 2008), mayor necesidad de uso de la memoria de trabajo (Baddeley, 2000) , y de la memoria autobiográfica (Brewer, 1996).

Al igual que en la comunicación verbal, la comunicación de mentiras por escrito también requeriría un mayor esfuerzo cognitivo y se basaría menos en el procesamiento automático.

Los investigadores del estudio sostienen que al mentir las actividades que son generalmente automáticas, pasan un proceso de mayor control por el cerebro y de ahí que la actividad se altere, ya que cuando se comunica un mensaje falso la escritura requiere unos recursos cognitivos mucho mayores (sobrecarga cognitiva), de forma que una acción automática como es escribir se vería perturbada.

TRABAJOS CITADOS

-          Baddeley, A. D. (2000). The episodic buffer: A new component of working memory? Trends in Cognitive Sciences, 4, 417–423.

-          Brewer, W. F. (1996). What is recollective memory?. In D. C. Rubin (Ed.), Remembering our past: Studies in autbiographical memory (pp. 19–66). New York: Cambridge University Press.

-          Luria, G., & Rosenblum, S. (2010). Comparing the handwriting behaviours of true and false writing with computerized handwriting measures. Applied Cognitive Psychology, 24(8), 1115-1128.
Disponible en:

-          Miller, G., & Stiff, J. (1993). Deceptive communication. Newbury Park, CA: Sage Publications, Inc.

-          Sporer, S. L., & Schwandt, B. (2006). Paraverbal indicators of deception: A metaanalytic synthesis. Applied Cognitive Psychology, 20, 421–446.

-          Sporer, SL, y Zander, J. (2001). Nonverbal cues to detection: Do motivation and preparation make a difference? Paper presented in the 11th European Conference on Psychology and Law, Lisbon, Portugal.

-          Vrij, A. (2008). Detecting lies and deceit: Pitfalls and opportunities (2nd ed.) Chichester: JohnWiley and Sons.

-          Zuckerman, M., Koestner, R., & Driver, R. (1981). Beliefs about cues associated with deception. Journal of Nonverbal Behavior, 6, 105–114.

jueves, 27 de marzo de 2014

LA “PRUEBA DE LA P300” EN EL CASO DE MIGUEL CARCAÑO

En estos días se está levantando mucha polémica, por un lado, sobre la capacidad del potencial P300 para revelar si una persona reconoce determinada información y, por otro, sobre la vulneración de derechos fundamentales al aplicar esta prueba.

Respecto al supuesto de violación del derecho a la intimidad, en diversas publicaciones se dice literalmente  que “la prueba conocida como método potencial de evocación cognitiva, consiste en un análisis neurofisiológico de las respuestas sensoriales e internas, captadas mediante electrodos, que da el cerebro a diferentes estímulos como imágenes, frases y sonidos.   Se trata de una prueba, en el caso que nos ocupa, adoptada sin la voluntad del imputado,  supone una injerencia en el ámbito del derecho a la intimidad consagrado en el artículo 18 de nuestra norma mormarum". Esta afirmación carece de fundamento ya que la aplicación de dicha prueba requiere el consentimiento y, además, la colaboración por parte del sujeto (es absolutamente necesario prestar atención a los estímulos que aparecen, como explicaré más adelante).

Otros titulares aparecidos en los últimos días hacen referencia a que “el portavoz nacional de Jueces para la Democracia, Joaquim Bosch, ha considerado que la prueba de 'Potencial Evocado Cognitivo P300' o 'test de la verdad' puede vulnerar derechos "fundamentales" como el derecho a no declarar contra uno mismo de una persona imputada o su derecho a la intimidad, dado que se accede a sus recuerdos a través de este análisis”. A este respecto lo primero que se me ocurre es preguntarme si el que me tomen mis huellas dactilares, o una muestra de ADN, también vulnera ese derecho a la intimidad y, por otra parte, hasta qué punto el que se constate que para mi cerebro un estímulo resulta significativo es acceder a mis recuerdos (yo creo señor Bosch que son cosas diferentes).

Quizás por donde tendrían que venir los argumentos para reivindicar la necesidad de proteger los derechos humanos deberían ser por la falta de validez científica consensuada. Esta técnica adolece de un protocolo consensuado a la hora de aplicarla y sigue sin haber unanimidad sobre su de fiabilidad. Así los resultados obtenidos en diversas investigaciones varían enormemente en fiabilidad dependiendo del análisis utilizado: Lauwrance Farwell[1] habla de tasas de detección de culpables próximas al 90% (quien curiosamente posee un método patentado para su uso comercial, el conocido  Brain fingerprinting), Rosenfeld[2] del orden del 82% (uno de los primeros occidentales en publicar investigaciones sobre la P300 en el año 2002) y otros investigadores como Metens[3] hablan de porcentajes del orden del 47% (lo que estaría por debajo del azar).

Por si fuera poco, esas tasas de fiabilidad disminuyen si se durante la realización de la prueba el sujeto lleva a cabo algún tipo de contramedidas (por motivos deontológicos no me parece oportuno citar aquí cuales pueden ser esas contramedidas); también se pueden producir falsos positivos (considerar a alguien culpable siendo inocente) ya que recordemos que esta prueba da resultados positivos ante estímulos significativos para el sujeto y también ante estímulos novedosos (la selección de estímulos adecuados es fundamental como veremos); además se pueden inducir falsos recuerdos al sujeto según las preguntas planteadas y la información facilitada momentos previos al interrogatorio; por otra parte es difícil tener garantías de que la información incluida en los estímulos de sondeo solo sea conocida por el culpable; y también sabemos que cuanto más tiempo transcurra entre el evento y la prueba la fiabilidad de la misma disminuye[4].



Por otra parte en estos días diversos “expertos” en el ámbito de la medicina no han hecho más que enturbiar o mezclar aspectos referentes a esta prueba, y son muy pocos los que tienen claro que para su correcta aplicación hay que seguir estrictamente un determinado protocolo (no dudo que así lo está haciendo el equipo liderado por el neurólogo y neurofisiólogo clínico José Ramón Valdizán).

Pero, por todo ello, ¿debemos descartar esta prueba en casos como el de Miguel Carcaño? Mi opinión es que NO, y que todas las tecnologías que puedan arrojar algo de luz a este caso bienvenidas sean (pensemos en los familiares de Marta del Castillo).

Como últimamente (a través del formulario de uno de mis blogs) he recibido solicitudes de información sobre esta prueba, voy a tratar de plasmar aquí los puntos que considero más relevantes. Vayamos poco a poco.

Los potenciales evocados son respuestas eléctricas del sistema nervioso producto de la aplicación de un estímulo. El potencial eléctrico que se registra consiste en una secuencia de ondas, ligadas temporalmente al estímulo que las provoca, por lo que cada una de ellas posee una latencia, amplitud y polaridad específica. El potencial evocado supone, por tanto, una modificación del potencial eléctrico en el sistema nervioso en respuesta a una estimulación externa (por un estímulo auditivo, visual, mecánico o eléctrico) o a un evento interno como una actividad cognitiva (atención, la preparación motora, etc.) y se puede detectar a través de técnicas como la electroencefalografía (EEG) o la electromiografía (EMG). En relación con el órgano sensorial estimulado hablaríamos de Potenciales Evocados Visuales (PEV), Potenciales Evocados Auditivos (PEA), Potenciales Evocados Somatosensoriales (PESS) y Potenciales Evocados Motores. Por otra parte estarían los Potenciales relacionados con eventos (ERP) y entre ellos los Potenciales Evocados Cognitivos P300 (otros serían los VCN  y los MMN).

La “prueba de la P300” se obtiene a través de un EEG y mide la actividad eléctrica del cerebro cuando un individuo se expone a un estímulo (visual, auditivo, etc.). Para ello se utiliza un casco provisto de una serie de electrodos y el sujeto debe concentrarse en una pantalla donde aparecen ciertas imágenes, palabras y/o sonidos. Las señales recogidas por los electrodos son amplificadas y presentadas en un monitor.

La tasa de precisión de esta prueba aumenta cuando se hace uso junto al protocolo GKT (Guilty Knowlwdge Test) o Test de Conocimiento Culpable. Diversos estudios sobre la efectividad de la onda P300 empleando la prueba de conocimiento culpable muestran niveles altos de exactitud en la clasificación de los sujetos como culpables o inocentes (Rosenfeld, Angell, Johnson y Qian, 1991)[5]. Esta prueba tiene una base teórica sólida y se basa en el reflejo de orientación ya tratado por investigadores como Paulov y Sokolov (Paulov, 1927; Sokolov, 1963). Digamos que la prueba de conocimiento culpable conlleva una forma de interrogatorio presentándole al sujeto cada pregunta con un formato de respuesta múltiple. Cada pregunta hará relación a un único detalle del crimen y todas las alternativas que se presenten deben ser igualmente plausibles, pero sólo una de ellas se referirá al delito tal y como ocurrió.

A la hora de diseñar esta prueba hay que ir alternando 3 tipos de preguntas distintas (irrelevante, relevante y pregunta control que para esta prueba suelen denominarse estímulos neutros, estímulos sonda y estímulos “target” o “diana”). Lo fundamental a la hora de diseñar los distintos estímulos es tener claro qué  detalles conoce la persona que ha cometido el delito y que no pueden conocer las personas inocentes (importante al diseñar la prueba tener en cuenta qué informaciones se han filtrado por la prensa, internet o televisión).

Veamos los detalles referentes a los 3 tipos de estímulos:

-         Los estímulos neutros (o irrelevantes) son palabras e imágenes irrelevantes que ayudan a establecer la línea base desde la que poner a prueba las diferentes reacciones. Son los estímulos de control para que no haya ninguna respuesta P300 (palabras, frases o fotos irrelevantes para la persona; que no tengan que ver con el delito; que no signifiquen nada para el sujeto; cosas que no conoce; cosas que no le resultan relevantes). Estos estímulos proporcionan una media respecto a la información que no conoce. Para asegurarse que el sujeto no reconozca estos estímulos el mejor método es inventárselos y teniendo en cuenta que no deben resultar novedosos o llamativos (formaran entre el 70 y el 80% de los estímulos a presentar).

-         Los estímulos sonda o de sondeo contienen información relevante sobre el crimen, pero que el sujeto no tiene forma de conocer a menos que lo haya presenciado. Es la información correspondiente al crimen que solamente es posible que conozca el autor de los hechos. Estos datos hay que extraerlos del informe policial (constituirán entre el 10-15% de los estímulos) y se espera que sólo activarán una P300 precisamente los sujetos culpables. Este grupo de estímulos constituiría los estímulos experimentales.

-         Los estímulos diana (targets o blancos) contienen información que sabemos que el sujeto conoce; datos sobre el delito de los que le hemos informado, o de los que tiene constancia por otra fuente (informaciones sobre el crimen que han aparecido en prensa o en otros medios); datos que sabemos que conoce sin duda alguna. El objetivo de los estímulos diana es provocar una respuesta cerebral que indica que no hay anomalías en el cerebro (deterioro cognitivo, etc.) y que conoce esos datos. Estos datos se le deben proporcionar al sujeto justo antes de someterse a la prueba. Estos estímulos activarán una P300 durante la prueba tanto en sujetos culpables como inocentes. (la proporción de este tipo de estímulos varia entre el 10 y el 15%). Este grupo de estímulos constituiría los estímulos de control para una respuesta positiva.

Como esta prueba requiere que el sujeto preste atención a los estímulos, y para mantener la concentración, se les pide a los sujetos que aprieten un botón cada vez que aparece un estímulo. Por ejemplo, deben apretar el botón izquierdo cuando aparece un “blanco” (las palabras que previamente han tenido que memorizar); para todos los demás estímulos deben apretar el botón derecho (irrelevantes y de sondeo). El propio ratón del ordenador puede servir configurando el programa correspondiente.

Por otra parte todos los estímulos han de ser vistos en varias ocasiones a lo largo de la prueba (blancos, irrelevantes y de sondeo) llegándole a mostrar entre 2000 y 3000 estímulos. Primero se miden las respuestas cada una de las veces en que aparece el estímulo y luego se hace una media de los voltajes aparecidos como respuesta a los mismos estímulos.

También es relevante decir que la señal eléctrica P300 está fuera del control consciente (dato importante ante casos de psicópatas, sociópatas y similares).

En algunos casos interesa sustituir el interrogatorio GKT estándar –que pregunta por el conocimiento de un hecho- por una versión propuesta por Bradley y sus colaboradores (Bradley y Warfield, 1984; Bradley y Rettinger, 1992). En esta modificación, GAT (Guilty Actions Test), las preguntas que se le hacen al sujeto son sobre acciones supuestamente cometidas por él. Esta prueba es más adecuada en determinados casos, como por ejemplo cuando el grupo de inocentes posee información sobre el crimen (las personas pertenecientes al grupo de inocentes con información, no mentían cuando contestaban las preguntas del interrogatorio, aunque sí conocían la respuesta “correcta”).

Estoy seguro que el personal especializado del Grupo de Análisis de Conducta de la Policía Judicial y el equipo que está llevando a cabo esta prueba, conocen perfectamente las posibilidades y limitaciones de la misma. La prueba no va a arrojar certeza absoluta (e incluso aunque así fuera, si el cadáver fue arrojado por ejemplo a un río, no habría garantías de localizarlo), pero podría dar pistas para retomar la búsqueda y, como muy bien declaró en su día el doctor Valdizán, esta prueba puede servir para acotar la búsqueda: “para buscar” y “para descartar” donde no hacerlo. Estoy seguro que las Fuerzas de Seguridad del Estado (Policía y Guardia Civil) tienen suficiente información útil para confeccionar todo el protocolo que proporcione mayor fiabilidad a la prueba. Dejemosles trabajar.


(*)Si estás interesado en saber más sobre los prolegómenos de esta prueba, puedes descargarte mi artículo "La neurociencia al servicio de la seguridad nacional. La prueba de la P300".


[1] Farwell, L.A.,& Donchin, E. (1991). The truth will out: Interrogative polygraphy (“lie detection”) with event-related brain potentials. Psychophysiology, 28(5), 531-547
[2] Rosenfeld, J.P., Soskins, M., Bosh, G., & Ryan, A. (2004). Simple, effective countermeasures to P300-based tests of detection of concealed information. Psychophysiology, 41, 205-219.
[3] Mertens, R.,& Allen, J.J.B. (2008). The role of psychophysiology in forensic assessments: Deception detection, ERPs, and virtual reality mock crime scenarios. Psychophysiology, 45, 286-298
[4] Polich, J. (2007). Updating P300: An integrative theory of P3a and P3b. Clinical Neurophysiology, 118, 2128-2148.
[5] Rosenfeld, P. J., Angell, A., Johnson, M. M., & J. Qian (1991). An ERP-based, control-question lie detector analog: Algorithms for discriminating effects within individuals’ average waveforms. Psychophysiology, 28, 319–335.

miércoles, 2 de octubre de 2013

DETECCIÓN PSICOFISIOLÓGICA DE LA MENTIRA

Recordemos que en la detección del engaño podemos encontrar 3 tipos de indicios: verbales, no verbales y fisiológicos. La actividad fisiológica que se supone que acompaña al hecho de mentir ha sido motivo de estudio y controversia desde tiempos ancestrales. Se trataría de diseñar una herramienta capaz de medir el engaño de una forma indirecta, ya que un patrón de actividad fisiológica directamente relacionado con la mentira no existe (nuestra nariz no se alarga como la de Pinocho).
Así han ido apareciendo las mal denominadas “máquinas de la verdad” para detectar mentiras, cuando en realidad lo que detectan son cambios en la actividad fisiológica o psicofisiológica que acompaña a la mentira (traducido a señales emocionales, cambios en parámetros de la voz, cambios en la actividad de áreas y estructuras cerebrales, en los patrones de temperatura, etc). Entre estas herramientas las más significativas son el polígrafo, el analizador de estrés de voz, el EEG para la medición de las ondas cerebrales P300, el termógrafo (termografía facial), la Resonancia Magnética Funcional (fMRI) o tecnologías de seguimiento ocular (eye-tracking).


martes, 1 de octubre de 2013

EL POLÍGRAFO

BREVE HISTORIA DEL POLÍGRAFO

Como sabemos el polígrafo es un tipo particular de instrumento de medición utilizado para el registro de respuestas fisiológicas.

Su origen se remonta a principios del siglo XIX con el criminólogo italiano Lombroso, que utiliza el pletismógrafo para medir la velocidad del pulso y el volumen sanguíneo durante los interrogatorios criminales.

Sin embargo, se considera que fue William Moulton Marston (1917) el padre del polígrafo moderno. Marston señaló que existe una alta correlación entre las mentiras y los cambios en la presión sanguínea. Basadas en sus investigaciones, se llegó a establecer de utilidad la prueba relevante-irrelevante (RIT). Esta prueba conlleva incluir dos tipos de preguntas diferentes en el cuestionario a aplicar: preguntas relacionadas y preguntas no relacionadas con el delito.


John A. Larson, en 1921, construye un precursor del polígrafo moderno, que registra la presión sanguínea, la velocidad del pulso y la respiración.

En España, Emilio Mira (1932) recoge el descubrimiento de Larson en su libro Manual de Psicología Jurídica. Mira crea una máquina que le permite obtener datos gráficos sobre la situación emocional y el control motor del sujeto.

Por su parte, John E. Reid incorpora una novedad al interrogatorio utilizando el polígrafo, la prueba de la pregunta control (CQT). Además, Reid considera necesario incluir diversos tipos de información para valorar las respuestas al polígrafo. Así, él tiene en cuenta los síntomas conductuales del entrevistado, los antecedentes y las medidas poligráficas.

Cleve Backster crea una escala numérica para puntuar los registros, de modo que diferentes examinadores llegan a la misma conclusión sobre un mismo protocolo, lo que supone un gran avance para la fiabilidad del polígrafo (Clifton, 1991).

Otro avance fue la incorporación de la medición de la actividad electrodermal.


D.T. Lykken ((1959, 1960, 1988, 1991, 1998) desarrolló y describió la prueba de información oculta o prueba de conocimiento culpable (GKT). Prueba basada en la respuesta o reflejo de orientación científicamente demostrada por Paulov (1927) y Sokolov (1963) entre otros. Este reflejo ocurre cuando alguien se enfrenta a un estímulo personalmente significativo o novedoso para él.
 
Como sabemos los polígrafos modernos registran las variaciones de la presión arterial, el ritmo cardíaco, la frecuencia respiratoria y la respuesta galvánica o conductancia de la piel.


FUNCIONAMIENTO DEL POLÍGRAFO

El polígrafo mide los cambios que se producen en la respiración, actividad electrodermal, presión arterial y ritmo cardiaco ante las diversas preguntas planteadas.

Estas respuestas se generan ante determinadas preguntas que se realizan al sujeto sometido a la prueba.

En los polígrafos actuales estos datos se pueden ver reflejados en la pantalla de un ordenador, para que puedan ser interpretados por un experto (por tanto sería el poligrafista el verdadero detector de mentiras).

 La aplicación de una prueba poligráfica conlleva la elaboración previa de un cuestionario de preguntas.

La persona que lleva a cabo la prueba debe estar formada en el ámbito de la entrevista policial, y del interrogatorio, y haber establecido de antemano 3 tipos de preguntas diferentes a lo largo del cuestionario: preguntas irrelevantes,  preguntas relevantes y  preguntas control.