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jueves, 27 de marzo de 2014

LA “PRUEBA DE LA P300” EN EL CASO DE MIGUEL CARCAÑO

En estos días se está levantando mucha polémica, por un lado, sobre la capacidad del potencial P300 para revelar si una persona reconoce determinada información y, por otro, sobre la vulneración de derechos fundamentales al aplicar esta prueba.

Respecto al supuesto de violación del derecho a la intimidad, en diversas publicaciones se dice literalmente  que “la prueba conocida como método potencial de evocación cognitiva, consiste en un análisis neurofisiológico de las respuestas sensoriales e internas, captadas mediante electrodos, que da el cerebro a diferentes estímulos como imágenes, frases y sonidos.   Se trata de una prueba, en el caso que nos ocupa, adoptada sin la voluntad del imputado,  supone una injerencia en el ámbito del derecho a la intimidad consagrado en el artículo 18 de nuestra norma mormarum". Esta afirmación carece de fundamento ya que la aplicación de dicha prueba requiere el consentimiento y, además, la colaboración por parte del sujeto (es absolutamente necesario prestar atención a los estímulos que aparecen, como explicaré más adelante).

Otros titulares aparecidos en los últimos días hacen referencia a que “el portavoz nacional de Jueces para la Democracia, Joaquim Bosch, ha considerado que la prueba de 'Potencial Evocado Cognitivo P300' o 'test de la verdad' puede vulnerar derechos "fundamentales" como el derecho a no declarar contra uno mismo de una persona imputada o su derecho a la intimidad, dado que se accede a sus recuerdos a través de este análisis”. A este respecto lo primero que se me ocurre es preguntarme si el que me tomen mis huellas dactilares, o una muestra de ADN, también vulnera ese derecho a la intimidad y, por otra parte, hasta qué punto el que se constate que para mi cerebro un estímulo resulta significativo es acceder a mis recuerdos (yo creo señor Bosch que son cosas diferentes).

Quizás por donde tendrían que venir los argumentos para reivindicar la necesidad de proteger los derechos humanos deberían ser por la falta de validez científica consensuada. Esta técnica adolece de un protocolo consensuado a la hora de aplicarla y sigue sin haber unanimidad sobre su de fiabilidad. Así los resultados obtenidos en diversas investigaciones varían enormemente en fiabilidad dependiendo del análisis utilizado: Lauwrance Farwell[1] habla de tasas de detección de culpables próximas al 90% (quien curiosamente posee un método patentado para su uso comercial, el conocido  Brain fingerprinting), Rosenfeld[2] del orden del 82% (uno de los primeros occidentales en publicar investigaciones sobre la P300 en el año 2002) y otros investigadores como Metens[3] hablan de porcentajes del orden del 47% (lo que estaría por debajo del azar).

Por si fuera poco, esas tasas de fiabilidad disminuyen si se durante la realización de la prueba el sujeto lleva a cabo algún tipo de contramedidas (por motivos deontológicos no me parece oportuno citar aquí cuales pueden ser esas contramedidas); también se pueden producir falsos positivos (considerar a alguien culpable siendo inocente) ya que recordemos que esta prueba da resultados positivos ante estímulos significativos para el sujeto y también ante estímulos novedosos (la selección de estímulos adecuados es fundamental como veremos); además se pueden inducir falsos recuerdos al sujeto según las preguntas planteadas y la información facilitada momentos previos al interrogatorio; por otra parte es difícil tener garantías de que la información incluida en los estímulos de sondeo solo sea conocida por el culpable; y también sabemos que cuanto más tiempo transcurra entre el evento y la prueba la fiabilidad de la misma disminuye[4].



Por otra parte en estos días diversos “expertos” en el ámbito de la medicina no han hecho más que enturbiar o mezclar aspectos referentes a esta prueba, y son muy pocos los que tienen claro que para su correcta aplicación hay que seguir estrictamente un determinado protocolo (no dudo que así lo está haciendo el equipo liderado por el neurólogo y neurofisiólogo clínico José Ramón Valdizán).

Pero, por todo ello, ¿debemos descartar esta prueba en casos como el de Miguel Carcaño? Mi opinión es que NO, y que todas las tecnologías que puedan arrojar algo de luz a este caso bienvenidas sean (pensemos en los familiares de Marta del Castillo).

Como últimamente (a través del formulario de uno de mis blogs) he recibido solicitudes de información sobre esta prueba, voy a tratar de plasmar aquí los puntos que considero más relevantes. Vayamos poco a poco.

Los potenciales evocados son respuestas eléctricas del sistema nervioso producto de la aplicación de un estímulo. El potencial eléctrico que se registra consiste en una secuencia de ondas, ligadas temporalmente al estímulo que las provoca, por lo que cada una de ellas posee una latencia, amplitud y polaridad específica. El potencial evocado supone, por tanto, una modificación del potencial eléctrico en el sistema nervioso en respuesta a una estimulación externa (por un estímulo auditivo, visual, mecánico o eléctrico) o a un evento interno como una actividad cognitiva (atención, la preparación motora, etc.) y se puede detectar a través de técnicas como la electroencefalografía (EEG) o la electromiografía (EMG). En relación con el órgano sensorial estimulado hablaríamos de Potenciales Evocados Visuales (PEV), Potenciales Evocados Auditivos (PEA), Potenciales Evocados Somatosensoriales (PESS) y Potenciales Evocados Motores. Por otra parte estarían los Potenciales relacionados con eventos (ERP) y entre ellos los Potenciales Evocados Cognitivos P300 (otros serían los VCN  y los MMN).

La “prueba de la P300” se obtiene a través de un EEG y mide la actividad eléctrica del cerebro cuando un individuo se expone a un estímulo (visual, auditivo, etc.). Para ello se utiliza un casco provisto de una serie de electrodos y el sujeto debe concentrarse en una pantalla donde aparecen ciertas imágenes, palabras y/o sonidos. Las señales recogidas por los electrodos son amplificadas y presentadas en un monitor.

La tasa de precisión de esta prueba aumenta cuando se hace uso junto al protocolo GKT (Guilty Knowlwdge Test) o Test de Conocimiento Culpable. Diversos estudios sobre la efectividad de la onda P300 empleando la prueba de conocimiento culpable muestran niveles altos de exactitud en la clasificación de los sujetos como culpables o inocentes (Rosenfeld, Angell, Johnson y Qian, 1991)[5]. Esta prueba tiene una base teórica sólida y se basa en el reflejo de orientación ya tratado por investigadores como Paulov y Sokolov (Paulov, 1927; Sokolov, 1963). Digamos que la prueba de conocimiento culpable conlleva una forma de interrogatorio presentándole al sujeto cada pregunta con un formato de respuesta múltiple. Cada pregunta hará relación a un único detalle del crimen y todas las alternativas que se presenten deben ser igualmente plausibles, pero sólo una de ellas se referirá al delito tal y como ocurrió.

A la hora de diseñar esta prueba hay que ir alternando 3 tipos de preguntas distintas (irrelevante, relevante y pregunta control que para esta prueba suelen denominarse estímulos neutros, estímulos sonda y estímulos “target” o “diana”). Lo fundamental a la hora de diseñar los distintos estímulos es tener claro qué  detalles conoce la persona que ha cometido el delito y que no pueden conocer las personas inocentes (importante al diseñar la prueba tener en cuenta qué informaciones se han filtrado por la prensa, internet o televisión).

Veamos los detalles referentes a los 3 tipos de estímulos:

-         Los estímulos neutros (o irrelevantes) son palabras e imágenes irrelevantes que ayudan a establecer la línea base desde la que poner a prueba las diferentes reacciones. Son los estímulos de control para que no haya ninguna respuesta P300 (palabras, frases o fotos irrelevantes para la persona; que no tengan que ver con el delito; que no signifiquen nada para el sujeto; cosas que no conoce; cosas que no le resultan relevantes). Estos estímulos proporcionan una media respecto a la información que no conoce. Para asegurarse que el sujeto no reconozca estos estímulos el mejor método es inventárselos y teniendo en cuenta que no deben resultar novedosos o llamativos (formaran entre el 70 y el 80% de los estímulos a presentar).

-         Los estímulos sonda o de sondeo contienen información relevante sobre el crimen, pero que el sujeto no tiene forma de conocer a menos que lo haya presenciado. Es la información correspondiente al crimen que solamente es posible que conozca el autor de los hechos. Estos datos hay que extraerlos del informe policial (constituirán entre el 10-15% de los estímulos) y se espera que sólo activarán una P300 precisamente los sujetos culpables. Este grupo de estímulos constituiría los estímulos experimentales.

-         Los estímulos diana (targets o blancos) contienen información que sabemos que el sujeto conoce; datos sobre el delito de los que le hemos informado, o de los que tiene constancia por otra fuente (informaciones sobre el crimen que han aparecido en prensa o en otros medios); datos que sabemos que conoce sin duda alguna. El objetivo de los estímulos diana es provocar una respuesta cerebral que indica que no hay anomalías en el cerebro (deterioro cognitivo, etc.) y que conoce esos datos. Estos datos se le deben proporcionar al sujeto justo antes de someterse a la prueba. Estos estímulos activarán una P300 durante la prueba tanto en sujetos culpables como inocentes. (la proporción de este tipo de estímulos varia entre el 10 y el 15%). Este grupo de estímulos constituiría los estímulos de control para una respuesta positiva.

Como esta prueba requiere que el sujeto preste atención a los estímulos, y para mantener la concentración, se les pide a los sujetos que aprieten un botón cada vez que aparece un estímulo. Por ejemplo, deben apretar el botón izquierdo cuando aparece un “blanco” (las palabras que previamente han tenido que memorizar); para todos los demás estímulos deben apretar el botón derecho (irrelevantes y de sondeo). El propio ratón del ordenador puede servir configurando el programa correspondiente.

Por otra parte todos los estímulos han de ser vistos en varias ocasiones a lo largo de la prueba (blancos, irrelevantes y de sondeo) llegándole a mostrar entre 2000 y 3000 estímulos. Primero se miden las respuestas cada una de las veces en que aparece el estímulo y luego se hace una media de los voltajes aparecidos como respuesta a los mismos estímulos.

También es relevante decir que la señal eléctrica P300 está fuera del control consciente (dato importante ante casos de psicópatas, sociópatas y similares).

En algunos casos interesa sustituir el interrogatorio GKT estándar –que pregunta por el conocimiento de un hecho- por una versión propuesta por Bradley y sus colaboradores (Bradley y Warfield, 1984; Bradley y Rettinger, 1992). En esta modificación, GAT (Guilty Actions Test), las preguntas que se le hacen al sujeto son sobre acciones supuestamente cometidas por él. Esta prueba es más adecuada en determinados casos, como por ejemplo cuando el grupo de inocentes posee información sobre el crimen (las personas pertenecientes al grupo de inocentes con información, no mentían cuando contestaban las preguntas del interrogatorio, aunque sí conocían la respuesta “correcta”).

Estoy seguro que el personal especializado del Grupo de Análisis de Conducta de la Policía Judicial y el equipo que está llevando a cabo esta prueba, conocen perfectamente las posibilidades y limitaciones de la misma. La prueba no va a arrojar certeza absoluta (e incluso aunque así fuera, si el cadáver fue arrojado por ejemplo a un río, no habría garantías de localizarlo), pero podría dar pistas para retomar la búsqueda y, como muy bien declaró en su día el doctor Valdizán, esta prueba puede servir para acotar la búsqueda: “para buscar” y “para descartar” donde no hacerlo. Estoy seguro que las Fuerzas de Seguridad del Estado (Policía y Guardia Civil) tienen suficiente información útil para confeccionar todo el protocolo que proporcione mayor fiabilidad a la prueba. Dejemosles trabajar.


(*)Si estás interesado en saber más sobre los prolegómenos de esta prueba, puedes descargarte mi artículo "La neurociencia al servicio de la seguridad nacional. La prueba de la P300".


[1] Farwell, L.A.,& Donchin, E. (1991). The truth will out: Interrogative polygraphy (“lie detection”) with event-related brain potentials. Psychophysiology, 28(5), 531-547
[2] Rosenfeld, J.P., Soskins, M., Bosh, G., & Ryan, A. (2004). Simple, effective countermeasures to P300-based tests of detection of concealed information. Psychophysiology, 41, 205-219.
[3] Mertens, R.,& Allen, J.J.B. (2008). The role of psychophysiology in forensic assessments: Deception detection, ERPs, and virtual reality mock crime scenarios. Psychophysiology, 45, 286-298
[4] Polich, J. (2007). Updating P300: An integrative theory of P3a and P3b. Clinical Neurophysiology, 118, 2128-2148.
[5] Rosenfeld, P. J., Angell, A., Johnson, M. M., & J. Qian (1991). An ERP-based, control-question lie detector analog: Algorithms for discriminating effects within individuals’ average waveforms. Psychophysiology, 28, 319–335.

lunes, 30 de septiembre de 2013

POTENCIALES EVOCADOS (ONDA P300)

En los últimos años, algunos estudios muestran que medidas directas del procesamiento cognitivo, como la medida de ondas cerebrales, pueden convertirse en un instrumento poderoso para inferir la culpabilidad de un sospechoso. Una de estas ondas, la P300, es de interés para las investigaciones sobre detección del engaño.

La denominación (P300) de estas ondas se debe a que aparece su típico pico después de 300-1000 msg desde el inicio del estímulo.

Las primeras investigaciones sobre esta onda y su relación con el engaño se iniciaron en Japón, publicándose el primer artículo en 1986 (Nakayama, 2002). El primer estudio en inglés se realizó en 1988 (Rosenfeld, 2002).

Las tasas de precisión aumentan cuando se hace uso de esta técnica junto al protocolo GKT (Test de conocimiento culpable).

BASE TEÓRICA
Los potenciales evocados se pueden detectar a través de técnicas como la electroencefalografía (EEG) o la electromiografía (EMG).

La P300 aparece reflejada en el EEG cuando a una persona se le presentan una serie de estímulos y uno de ellos le resulta especialmente significativo. Ocurre en respuesta a estímulos personalmente significativos para el sujeto, y aparecen como reflejo de orientación.
Según los estudios de Rosenfeld y su equipo, ante el ítem significativo de cada pregunta, la P300 recogida por un EEG muestra determinadas características en su tamaño y amplitud que no aparecen ante los demás ítems.

LIMITACIONES DE LA TÉCNICA
Limitada aplicabilidad de la prueba por problemas de selección de los estímulos críticos reconocibles para los culpables y que no lo sean para los inocentes (riesgos de la fuga de información crítica).


El transcurso de un tiempo excesivo puede hacer que los examinados culpables no recuerden determinada información. Así sólo 3 de los 8 examinados culpables eran diagnosticados correctamente en una situación de retardo de 7-14 días, frente a 12 de 13 en la condición óptima de retardo, es decir inmediatamente después de haberles dado la información a ocultar (Ronsenfeld, Angell, Johnson, Qian, 1991).

Según Rosenfeld, Boroschak y Furedy (2006) la tasa de precisión es alta (90%) cuando el test de conocimiento culpable contiene información altamente significativa para el sujeto (ej. su nombre), pero baja (40%) cuando hay que ocultar información menos significativa (ej. nombre del experimentador). Por tanto, esta prueba solo debe emplearse cuando dispongamos de detalles críticos altamente significativos para los sujetos.

Además las pruebas de EEG son muy intrusivas y conllevan incomodidad para los examinados, que tienen que colocarse, según el modelo de equipo empleado, un gorro de hasta 128 electrodos. Otro inconvenientes es que las mediciones se tienen que llevar a cabo en laboratorio y no pueden llevarse a cabo sin la colaboración del sujeto.
 
 
UTILIZACIÓN DE ESTA TÉCNICA EN ESPAÑA A NIVEL FORENSE
 
El 15 de diciembre de 2013 saltaba la noticia, en todos los periódicos y medios de comunicación españoles, de que la policía iba a aplicar por primera vez esta técnica para intentar esclarecer un crimen en la localidad zaragozana de Ricla (Pilar Cebrián, de 51 años, desapareció en abril de 2012, y su marido Antonio Losilla, principal sospechoso, tardó casi un mes en denunciarlo).
 
Uno de los primeros investigadores en poner en marcha esta prueba en EE.UU fue Lawrence Farwell, quien se sorprendió gratamente al saber que la experiencia se iba a llevar a cabo por primera vez en España. El científico estadounidense recuerda perfectamente la primera vez que en Estados Unidos esta técnica se convirtió en decisiva para condenar a alguien. Fue en 2000, con James B. Grinder, acusado de la violación y homicidio de Julie Helton en 1984 en Macon (Misuri), en el corazón del país.
 
Farwell asegura que ha sometido a este método a un centenar de sospechosos y que solo en una ocasión sirvió como prueba ante un tribunal. Fue con Terry Harrington. En este caso, la prueba sirvió para sacarle de la cárcel en la que había permanecido 23 años por un crimen que no cometió.
 
 

En España, con posterioridad al caso de Pilar Cebrian, esta prueba ha sido aplicada en diversas ocasiones para ayudar a clarificar y resolver casos judiciales como el del asesinato y desaparición de Marta del Castillo  (véase en este mismo blog la entrada “La prueba de la P300 en el caso de Miguel Carcaño”) o la desaparición de Julio Cordón.
En el caso de Julio Cordón, la Audiencia Nacional, a finales de septiembre de 2014, autorizó registrar la actividad cerebral del exjefe militar de los Grapo, Fernando Silva Sande, mientras se le presentaban una serie de imágenes de los lugares donde pudo haber enterrado el cadaver. Recordemos que el presidente de la aseguradora Previasa (Zaragoza) fue secuestrado y asesinado por la banda terrorista en 1995 y que, por lo tanto, ha transcurrido mucho tiempo desde entonces. El motivo principal para aplicar esta prueba era encontrar pistas que ayudaran a acotar la zona de búsqueda de los restos de Cordón, enterrado en el Mont Ventoux en Francia, según la versión que había ofrecido por el propio terrorista.
 
(*)Si estás interesado en saber más sobre los prolegómenos de esta prueba, puedes descargarte mi artículo La neurociencia al servicio de la seguridad nacional. La prueba de la P300.